Los 90 años de Blas Martínez Riera: “Era la oveja negra por tocar chamamé”
Mientras vivió en Posadas, “a mi papá lo hacían a un lado porque era la oveja negra, porque tocaba chamamé”, recordó su hijo Blasito Martínez Riera.
Entrevistado por La Voz de Misiones, agregó que Netflix mantiene un interés para hacer un documental sobre el artista misionero, un proyecto que tendría dirección de Elián Guerín.
Previamente, el proyecto audiovisual contó con la pre-aprobación del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa) en 2023, aunque, por los ajustes de la gestión libertaria, la idea finalmente no avanzó.
“Está aprobado, pero está en pausa”, reconoció Martínez Riera, también músico y que tocó con su Blas Martínez Riera Grupo el año pasado, para la Fiesta de San José en Posadas.
“La política cultural con este gobierno está bastante complicada”, remarcó el artista por el atasco que sufrió el documental sobre su padre. No obstante, el proyecto estaría en buen camino, según estimó.
“Nadie sabe dónde están los restos de mi papá, lo sé yo, mi hermano y mi mamá. Somos tres personas nada más que sabemos. Entonces, bueno, un poco el documental quería ir para ese lado”, apuntó sobre el “Quinto Grande del Chamamé”.
La película girará en torno a distintas etapas del músico, también como difusor de la música regional y sobre los álbumes que grabó, por los que recibió dos Discos de Oro.
“Mi papá ha sido la bisagra. Entre los más viejos era el más joven, y de los más jóvenes era el más viejo”, reflexionó.
“Él no es de la generación de (Mario del Tránsito) Cocomanola y de Montiel. Él es la que sigue. Pero al mismo tiempo ya estaba antes, él casi salió a la par de los Hermanos Barrios. Los Barrios salieron ahí, pero papá ya tenía doce años con el Cuarteto Santa Ana”.
Martínez Riera nació un día como hoy en Posadas, de 1936. Murió el 18 de febrero en Avellaneda, y un mes antes había hecho su último concierto con su conjunto en José C. Paz, Provincia de Buenos Aires, con Tilo Escobar como invitado.
Para Blasito, si su papá viviera estaría contento. “El tipo sabía exactamente lo que estaba haciendo”. Es que, además de dominar el bandoneón, conocía la música moderna, pero además tocaba el violín y la batería.
“Nosotros teníamos la banda de rock, pobrecito: le tocábamos arriba de la cabeza. Entonces un día subió para ver cómo estaba armada la batería. ‘Correte un cachito que quiero mirar una cosa’, me dice. Se sentó y tocó con un estilo más de los bateristas de antes, que eran de jazz. No era el dándole a los tachos, no. Pero tenía un conocimiento”.