Cuando el salario no alcanza: deuda y pluriempleo entre los docentes misioneros
*Licenciado en Historia por la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales- Unam.
Las transformaciones recientes del mundo del trabajo, en un contexto de crisis que se profundiza día a día, han configurado una clase trabajadora más heterogénea y atravesada por un creciente deterioro de sus condiciones laborales y salariales. Para una parte importante de los trabajadores, el salario de un único empleo ya no resulta suficiente para sostener la economía familiar. La necesidad de buscar otras fuentes de ingresos se convierte así en una respuesta cada vez más frecuente frente al deterioro de las condiciones de vida.
La docencia misionera no es ajena a este proceso. Su análisis adquiere particular relevancia en la provincia, tanto por tratarse del sector más numeroso de la administración pública como por las características específicas de su mercado laboral. Desde hace tiempo, la pérdida de poder adquisitivo de los salarios docentes ha impulsado la acumulación de cargos y horas en distintos establecimientos, dando lugar a una figura cada vez más extendida: el denominado “docente taxi”, aquel que recorre varias escuelas para completar su jornada laboral y alcanzar un ingreso suficiente.
Los datos salariales elaborados por la Coordinación General de Estudio de Costos del Sistema Educativo (CGECSE), actualmente dependiente del Ministerio de Capital Humano, permiten dimensionar esta pérdida de poder adquisitivo. En la actualidad, el salario docente de un cargo testigo presenta un fuerte deterioro que, por su magnitud, remite a los niveles registrados durante la crisis de 2001 y los años posteriores de 2002 y 2003. La comparación resulta significativa: hoy, al igual que durante aquella etapa, el salario docente vuelve a ubicarse por debajo de las necesidades básicas de los hogares. Un maestro de grado con diez años de antigüedad y jornada completa no alcanza, con su salario de bolsillo, a cubrir una Canasta Básica Total.
La insuficiencia salarial tiene consecuencias sobre la organización del trabajo. La acumulación de cargos y horas en distintos establecimientos extiende y fragmenta la jornada, a la que se suman los tiempos de traslado y las tareas que continúan fuera del aula: planificación, corrección, elaboración de materiales y otras actividades indispensables para la enseñanza. La situación se vuelve aún más compleja en las zonas rurales y periféricas, donde las distancias, el estado de los caminos y las dificultades de transporte incrementan los tiempos de traslado. A esto se suma que , muchas de las cuales deben articular la actividad pedagógica con las tareas domésticas y de cuidado.